Al escribir estas líneas, tengo la interesante sensación de que probablemente cuando lleve un párrafo mi opinión estará absolutamente desactualizada. Los hechos se acontecen a una velocidad vertiginosa, y esto es algo lógico viviendo en la era de las prisas. He tratado de informarme en los últimos días, analizando dentro de lo posible determinados "cables", indagando en sus efectos más incluso que en sus contenidos y tratando, ante todo, de pulsar la opinión del internauta. Y como sé que en estos días la información emerge a borbotones, y como sé que a veces peco de verborreico, voy a tratar de sintetizar en algunos puntos muy simples todo lo que percibo en este asunto tan enorme. Allá voy:
1) El ser humano no puede vivir como hasta ahora: sabemos que existe un Occidente, un Oriente, un Tercer Mundo. Las diferencias son abismales, pero en esencia existen dos cosas que son comunes a todos estos mundos dentro del mundo. La primera es la presencia de desigualdad, que en algunos casos llega a ser sonrojante. Ya no sólo desigualdad económica, sino social según géneros, según religiones, según estratos culturales. La segunda es la presencia de secretos. Los secretos sólo benefician a unos pocos. Los secretos provocan la desigualdad. Es un hecho incontestable.
2) El ser humano está dormido y es esencial que despierte: los secretos no proporcionan estabilidad, los secretos sólo provocan que una parte del mundo esté demasiado acomodada, dejando hacer a los poderes fácticos lo que les viene en gana. Mucha gente está opinando en foros que por culpa de Wikileaks pueden haber muchas muertes de inocentes, lo que no deja de ser de una ironía y de un sinsentido bestial, dado que ahora mismo existen aproximadamente 50 conflictos armados en todo el mundo y sólo estamos informados sobre un par. Estar dormido es estar desinformado, y estar desinformado es permitir la desigualdad, es ser víctima de esa trampa que uno permite.
3) El gran triunfo del sistema es el miedo institucionalizado: decía Woody Allen que el ciudadano ha preferido ser un contribuyente tranquilo antes que un ciudadano comprometido. Ese es el gran triunfo del sistema: la falsa noción de que se han conseguido avances y que es suficiente. Esto lo digo yo, y puedo estar equivocado: si el ser humano supiese lo que puede llegar a lograr, dejaría de tener miedo a perder lo poco que tiene.
4) Para lograr avances, hay que conocer la información: porque no me fío de un médico que vaya a curarme sin ni tan siquiera ver las radiografías. El ciudadano tiene una gran responsabilidad, y es la de conocer la información que se maneja en su mundo. Si la ignora, está negándose el bienestar real. Si se quiere enterar de que su gobierno fue puesto a dedo por la CIA, si se entera de que el crack del capitalismo ha sido diseñado en un laboratorio, si se entera de que su fiscal general ha consentido la muerte de un periodista en la guerra de Irak cediendo ante las presiones de cierto servicio de inteligencia, comprobará el estado de putrefacción de su mundo. Y cuando lo conozca, tendrá que dar el primer paso hacia el cambio: imponer su autoridad como ciudadano.
5) Quien no desee conocer la información, será merecedor del sufrimiento que le venga encima: porque estará consintiendo no sólo su manipulación, su ninguneo, sino el de gente que no está de acuerdo con el abuso de los poderes. Quien consiente la corrupción, merece ser expoliado, pues está siendo responsable del mal uso de su bolsillo y del de sus conciudadanos. Quien quiere vivir al margen de la información que Assange y Wikileaks está liberando, está pidiendo a gritos que lo entierren bajo una montaña de mentiras, de excusas, de engaños y de basura institucional.
6) El mundo es un escenario, pero se puede cambiar: porque los poderes son actores, pero quien paga las nóminas de esos actores somos nosotros, los ciudadanos, los directores de la obra. Y los jefes tienen el derecho a recoger informes periódicos sobre qué demonios se hace con su dinero. Y Wikileaks nos está sirviendo en bandeja de plata la montaña de facturas que hace tiempo se nos adeuda. Y tener esa información ya es un cambio. Ahora solo hace falta que todos los dueños de esas facturas reclamen lo que es suyo: el control de la obra. Es una cuestión de autoridad.
7) Se está librando una guerra, y todos podemos elegir el bando: el campo de batalla es internet. En un bando está un grupo de ciudadanos que abogan por la libertad de expresión, sin mordazas, sin tapujos. En el otro está la voz del amo, quien nos da tranquilidad y nos sirve cada vez menos comida en el plato. Cada uno elige. Para estar en el primer bando, se exige compromiso. Es difícil estar en él: hace falta apoyar, divulgar, transmitir la palabra, aportar conocimientos informáticos, copy-pastear enlaces, no callar. Para estar en el segundo bando, no se exige nada: solo hace falta callar y creer, confiar en el "estado de derecho". Es fácil estar en el segundo bando. Estar en el primer bando te hace de los malos, de los terroristas, de los peligrosos. Estar en el segundo bando te hace bueno. Elegir es gratis, pero al final de la partida va a haber un precio a pagar. Y si ganan los buenos, el precio va a ser altísimo.
8) Malas noticias, internet pertenece a los buenos: pero tranquilos, porque aun así se pueden hacer cosas. Amazon y PayPal están fastidiando a esa red terrorista llamada Wikileaks. Twitter también parece enarbolar la (falsa) bandera de la libertad. ¿Quieres jugártela en tierra hostil? Gente como ALT1040 te explica como. Todo es indagar. Y sí, se pueden hacer cosas. Muchas.
Continúa mañana, aquí, en tu pequeño blog de mierda.
Mostrando entradas con la etiqueta guerra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guerra. Mostrar todas las entradas
martes, 7 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Las bombas se te apolillan, querido amigo israelí
O al menos es lo que ha debido pensar Aznar acerca del arsenal bélico de Israel, y sin querer y en un renuncio bastante gore se le ha escapado hoy en la asamblea anual del Congreso Mundial Judío. Cosas de la verborrea (que es como un no parar de diarrea verbal) y de la ¿neurorrea?, que es un término que me acabo de inventar para definir lo que es tener neurosis a borbotones. En Israel, como todos sabréis, hay un pastel bastante generoso. Aunque deberíamos decir más bien que en Palestina hay un generoso pastel llamado Estado Israelí, porque esa es la realidad: el conflicto judeo-palestino no existiría si a Israel, ese estado creado como desagravio tras el holocausto, no le diera por anexionarse tierras ajenas de un modo pornográficamente imperialista hasta lo camorrista. Este problema, el de las anexiones indiscriminadas, ha generado un clima de constante desafío, de tensión bélica constante, en la región Palestina, cuyos pobladores atacan con piedras a los tanques, y responden con ataques terroristas al constante terrorismo de estado Israelí.
Si dependiese de la capacidad militar de estos dos países en función de su extensión en el mapa, esto no pasaría de una guerra lamentable entre dos estados relativamente pequeños. Pero claro, existen dos factores que deforman, y mucho, la teoría de la situación en una práctica monstruosa. El primer factor es el tradicional apoyo de EEUU. Muchos se plantean que Israel es el hermano pequeño de los norteamericanos, cuando lo que cabe es plantearse lo contrario: ¿acaso no influye más el lobby judío en la política exterior estadounidense que Norteamérica en la política exterior Israelí? El segundo factor es la desvergüenza a la hora de mentir y la efectividad a la hora de propagar los embustes. Sí, queridos lectores, el segundo factor es el constante embrutecimiento (des)informativo al que se somete sistemáticamente ya no a la población israelí o a la estadounidense, sino a la población mundial. Os cuento una pequeña anécdota: tuve el privilegio (profesional, que no personal) de participar como reportero de un canal de televisión en un foro-entrevista a Ephraim Halevy, número uno del servicio de inteligencia israelí durante décadas y ex-mano derecha de Ariel Sharon. Una hora y poco frente a este auténtico promotor del genocidio, un par de preguntas incómodas que no me respondió de buena gana y una argumentación propia del mismísimo Himmler me bastaron para comprobar de donde surge el problema de fondo en todo este conflicto: de la mentira y de las tragaderas del ciudadano medio mundial.
Porque escuchar a esta bestia de metro noventa (si no recuerdo mal, aunque es verdad que el recuerdo engrandece en lo físico) que no quería una entrevista directa sino un corrillo de periodistas y requirió de un intérprete y del gran Enrique Cymmermann para despejar las pelotas complicadas me hicieron ver que las maquinarias de desinformación y de intoxicación propagandística surgen SIEMPRE del aparato militar. Porque, señores, este animal dijo que "El estado israelí ocupa territorio palestino con el ánimo de contribuir al desarrollo de esa nación". Y si los medios (FOX TV entre ellos) repiten esta indecente mentira hipnóticamente, u otras que vienen muy al hilo, el Billy Smith medio del estado de Massachussets se lo va a creer, porque no en vano se tira una media de 3'5 horas diarias delante de la tele. Y si Billy Smith se lo cree, entonces estamos jodidos porque hay demasiado Billy Smith en todo el mundo, de hecho cada día hay más, porque Billy Smith es un jodido redneck que practica la promiscuidad endogámica y la calidad (encefálica) de su descendencia se reduce al tiempo que se amplía su progenie (los gilipollas follan mucho entre ellos, generalmente sin tomar precauciones porque son precisamente eso, gilipollas). Demasiada gente deglute criterios deformados por inacción, esto es, por la inacción de no apagar la televisión.
Y entonces nos encontramos con que aunque ande como un pato, sea blanco como un pato, tenga pico como un pato y no pare de hacer "cuac" como un jodido pato, la gente lo que está viendo es un pavo real, porque un polemista dijo que era un pavo real en la tele, porque antes un presentador de un programa de debates dijo que efectivamente era un pavo real, porque antes un periodista escribió que él había visto al maldito pavo real, porque justo un día antes un consejero del gobierno había dicho que había visto a ese pavo real abrir su maravillosa cola de pavo real, porque además antes un viceministro había reconocido que sí, que en la moqueta del jodido suelo de su casa se había cagado el maldito pavo real. Pero el pato sigue siendo pato, y los que dicen que es un pavo real, con sus plumas, sus mierdas en moquetas viceministeriales y demás, son sencillamente unos mentirosos interesados y, quizás a estas alturas, irreversiblemente patológicos.
Y entonces, tras pararte a remontar el hilo de los defensores de la tesis del pavo real, descubres que en el principio, como un Big-Bang de la mentira sistemática, hay auténticos lumbreras como el que menté en el primer párrafo. Lumbreras con ganas de aparecer en los libros de historia cueste lo que cueste. Lumbreras capaces de decir, básicamente, que... bueno, capaces de decir mierda, mierda que básicamente consiste en "defender Israel es defender el modelo liberal de los estados occidentales" y que "Obama debería poner menos empeño en este acuerdo de paz y preocuparse más de que Irán no construya su bomba" (atómica, se entiende). Osea, una mentira gorda que no se cree ni él y otra directamente de comic de fantasía.
"Señores israelíes, tiren ustedes la bomba esa que tienen ahí pillando polvo a los moros, que son ustedes muy blandos", parece haber dicho Aznar delante de sus amigos (de alquiler) israelíes. Que Dios, Alá, Buda, Obi-Wan Kenobi o Chiquito de la Calzada nos pillen confesados, porque el día que todo esto reviente (y con animadores como el del bigote no parece que vaya a tardar mucho) nos vamos a acordar, y mucho, de todos esos hijos de puta que alientan las guerras y de los palmeros en los mass media que los amplifican. A ellos y a sus mentiras.
JM Martín
Suscribirse a:
Entradas (Atom)