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miércoles, 18 de agosto de 2010

Turismo intencionado, turismo gilipollas

Hace poco, unos alumnos de un curso de inglés para adultos (de inglés porno, podríamos decir) me comentaban que necesitaba unas vacaciones de desconexión. Intrigado, les pregunté si acaso no todas las vacaciones eran de desconexión. Y ellos, acertadamente, me dijeron que no, que uno se puede ir a hacer turismo mochilero con su pareja pero que desconectar no acaba de desconectar, porque uno en la mochila acarrea más cosas de las que tienen un peso físico. Uno acarrea la tensión de llegar a tiempo a los sitios, de poder ver todo lo que uno necesita. Y así, puestos, me sugirieron un viaje a Punta Cana, a enseñar pulserita diciendo aquello de "Tequila Sunrise" y acabar por olvidarse de donde trabaja uno o de en qué país vive. Nunca me había planteado un turismo así, pero la idea de que hay turismos con intención era algo en lo que no había caído. Y claro, en esas empecé a recapitular y vi que, efectivamente, hay turismos y turismos. Hay gente que le da por ver monumentos, lo que podríamos llamar "Turismo Cultureta". Hay gente que le da por irse a ver playas exóticas en compañía de la parienta, lo que podríamos llamar "Turismo Playero". Hay otros algo más casposos a los que les da por ir a Benidorm, lo cual constituye un acto de "Turismo Cirrótico". También hemos de mencionar la variedad previamente mencionada de "Turismo de Desconexión" o el aberrante "Turismo Sexual", acaso el mayor exponente del turismo selectivo. Y hoy, viendo las noticias, he descubierto una nueva variedad: el "Turismo Gilipollas".

Sé que esto ya no es hacer una crítica velada a alguien, sé que es un post descaradamente parcial y sé que va a haber gente que me diga "te has pasado". Lo siento, me lo paso yo por el forro con todo mi cariño. Pero ¿qué cojones hace José María Aznar en Melilla con la que está cayendo? No hablamos de cualquier persona: hablamos de un expresidente del gobierno con todas las de la ley, porque la gente lo eligió y la gente le pegó una patada en el culo, aunque él fuese listo y colocara el culo de otro (pobre Rajoy) para tener su culo limpio de suelas de zapato. Estamos hablando de alguien que tendría que ser un representante del pueblo español, dignificando el nombre del país allá donde fuera. Pero claro, estamos hablando precisamente de Aznar, un tío que si tuviese un mínimo de decencia no iría rajando a diestro y siniestro cada vez que sale del país, un tío al que Zapatero defendió frente a las bravuconadas de Chavez y que él lo ha agradecido con bilis, un tío que si tuviese cierta relevancia y criterio analítico estaría como otro expresidente (Felipe González) ocupando puestos de relevancia más allá de Fundaciones Apocalípticas Esperpénticas y Sátrapas (sí, esta coña sobre la infame FAES es mía). Pero no, este pedazo de carne con bigote (o lo que quede de él) y melena dandy se dedica a agrandar su ego, que no su prestigio, con tentativas de baños de masas.

Lamento entonces que en TODAS las imágenes televisivas que han circulado sobre la inoportunísima visita de Aznar, se le ha visto constantemente seguido de su séquito (seguridades y soplagaitas, palmeros y arribistas propios de CUALQUIER figura política), ha circulado por las calles de Melilla sin que más que algún personaje aislado se haya acercado a lamerle el bigote, ha intentado quedar bien delante de los miembros de la seguridad del estado sin lograr tener contacto con ningún alto cargo porque evidentemente ya no es nadie, y el único objetivo buscado, a parte de los minutos televisivos y el posterior "¿habré salido guapo?" por tan magno memo tardofranquista ha sido que la gente se plantee: si Aznar ha estado en Melilla con la que está cayendo, ¿por qué Zapatero no ha ido? Y lo que la gente de a pie con un mínimo de criterio se ha planteado ha sido las siguientes cuestiones: si el bloqueo de Melilla es por una cuestión de pertenencia a Marruecos o a España, ¿por qué va el presidente español que nunca se quiso entrevistar con ningún dignatario marroquí?; y si no acude ninguna autoridad española, ¿no se da cuenta el muy anormal de que no hace ningún favor al país del que tanto chupó?

La pregunta que Aznar quería que el electorado se preguntase no tiene una respuesta al uso. La respuesta en sí debería ser una "a la gallega". Es decir, con otra pregunta: ¿si el presidente no va, qué intenciones encierra la cabeza pensante que decide que Aznar vaya?

La segunda pregunta tampoco tiene respuesta más allá de las suposiciones que podemos hacer. Sí, supongo que si ha ido es para buscar la atención que su desmedido ego y su cráneo lleno de heces necesita. Aznar, como el 90% de los políticos y como el 100% de los neocon es como el niño que, aun sabiéndose más feo que un tumor, necesita que su madre le diga de vez en cuando aquello de "eres el niño más guapo del mundo". Cosas de erecciones y demás.

La tercera pregunta tiene respuesta y contrarrespuesta. La respuesta es un "sí, se da cuenta". La contrarrespuesta es la siguiente, y con esto sentencio y acabo desde mi humilde blog: a este máximo exponente del turismo gilipollas le suda el miembro el país que acaba de flipar en colores con su aparición en Melilla. A Aznar lo que le importa (como a todos los de su rancia estirpe) es un país que él y solo él tiene en la cabeza, en el cual todo el mundo le lame del escroto al glande las veinticuatro horas del día en un movimiento hipnótico mientras se repiten mentalmente el siguiente mantra: "chupa, chupa, que con suerte algo cae".

Ahí os pringue lo que caiga.

JM Martín


miércoles, 11 de agosto de 2010

Lo que Darwin se olvidó bajo el asfalto

Cuando Darwin disertó acerca del concepto de "selección natural", el legado que nos dejaba era susceptible de desactualización. Porque, efectivamente, las especies desarrollan una serie de habilidades en pos de la supervivencia y el baremo empleado para este mismo desarrollo es la adaptación al medio. Pero a Darwin se le debió olvidar que desde hacía un tiempo al ser humano le había dado por eliminar cualquier atisbo de contexto natural en el que desarrollarse, sustituyendo suelo de tierra por asfalto y hierbajos por adoquines. Así, donde antes habían árboles hoy hay farolas, donde antes habían cuevas hoy hay edificios, donde antes habían pájaros hoy hay palomas (no es lo mismo, la paloma es una rata voladora y el pájaro puede ser muchas cosas), donde antes habían depredadores hoy hay municipales y así hasta completar una larga lista de sustituciones de lo natural por lo artificial y lo impuesto.

Lo que vengo a decir aquí es que, efectivamente, el entorno natural ha sido sustituido por el entorno social, donde el tapiz de fondo es lo urbano. Con lo cual, en el ámbito del ser humano (y de los animales domésticos) la teoría de la selección natural tal y como la definió Darwin ya no es válida. De hecho, estos efectos ya se comprueban en el día a día: el orondo ejecutivo que pasea su rechoncha y opulenta figura por cualquiera de las grandes vías de nuestro país no sobreviviría en plena sabana africana. Efectivamente, la habilidad física se ha sustituído por otras habilidades, llamémoslas asociativas o intelectuales, de manera que el ser humano sobrevive gracias a sus pocos momentos de lucidez mental. Esto es así también si colocamos al ser humano en naturaleza abierta: lo único que puede salvar a una persona que no sea Usain Bolt en campo abierto del ataque de, pongamos, un tigre, es una concatenación de decisiones acertadas que provienen del libre albedrío: engañar al animal amagando a un lado o a otro, trepar a un árbol, encender un fuego para mantenerlo a raya, asustarlo y tantos otros que ahora no se me ocurren porque no recuerdo la última vez que corrí delante de un tigre.

Lo que pasa es que en este entorno urbano no hay depredadores con garras terribles de los que defenderse. Las amenazas son otras: coches que circulan zumbados, neuróticos que amenazan con convertirte en una de sus víctimas, seres con poderes terrenales que amenazan con despedirte de tu trabajo, ladrones de guante blanco que conjuran para dejar tiritando tu comunidad o, el peor peligro de todos, nuestra propia estupidez.

Dado que la estupidez es una variable real y palpable, no nos debe sorprender haber acabado como la discoteca de Europa. Al fin y al cabo, debido quizás a la conjunción de estupidez masiva y ansias recolectoras (sin importar el como ni el cuando) hemos descuidado nuestro sustrato cultural hasta decir basta. Consumimos tendencias extranjeras sin promocionar lo nuestro, aunque muchas veces lo de fuera sea mierda. Promocionamos el producto nacional solo cuando está obsoleto. Nos quejamos de los clichés que tienen los extranjeros cuando seguimos fomentándolos (toreros, folclóricas nada arrepentidas, cine cutre, futbolistas, pop barato...). No nos preocupamos en aprender otros idiomas. Somos el país con más premios literarios del mundo pero somos el que menos libros produce y vende. Hemos elevado la telebasura a la categoría de alimento cultural. La prensa del corazón tiene el triple de horas en antena (o más) que los reportajes y documentales. Solo emitimos documentales sobre animalitos selváticos, cuando hay tantas cosas que desconocemos... En fin, que hemos degradado lo gris, lo pensante, lo racional, y además hemos abaratado el alcohol barato. ¿Por qué nos sorprende ser la discoteca de alemanes, belgas, rusos y sobretodo británicos?

Así pues, tenemos que la ley de la selección natural ha cambiado porque el entorno ha cambiado. Tenemos que la estupidez es uno de los actuales predadores, y tenemos que ademas hemos retocado el entorno hasta convertirlo en una fuente de zafiedad y mierda aparentemente inacabable. Todo está relacionado, así que yo me planteo: ¿no son acaso los balcones y las piscinas en las cuales se desnucan los turistas británicos una bendita frontera entre el que merece vivir y el gilipollas de turno cuya defunción no nos castiga sino nos favorece? ¿No son las drogas de diseño adulteradísimas y el alcohol de garrafón una prueba química para determinar quien merece vivir y quien no? ¿No es, en definitiva, toda esta concatenación de desgracias absolutamente ridículas y evitables el último rescoldo de la justicia Darwiniana, sin cuyas normas esto estaría lleno (todavía más) de gilipollas del quince?

Posiblemente sí, y entonces tendremos que agradecer que las televisiones acudan a sucesos ridículos (esas "serpientes de verano") para hacernos sentir un poco mejor a los que todavía no hemos muerto por nuestra propia estupidez. Aunque sea a costa de no hablar sobre guerras en el Congo, sobre inminentes invasiones de Irán, sobre yacimientos trillonarios en Afghanistan y sobre todas esas cosas por las cuales este mundo sigue promocionando la gilipollez enlatada.

Cosas del verano.

JM Martín