lunes, 14 de noviembre de 2011

Estamos aquí (y 3)

Hecho el alegato y alzada la voz por esas cosas que molaría mejorar, voy a descubriros unas pocas bandas. Da igual que estén en Valencia, y que esta sea una ciudad con poco glamour en la que quemamos cosas: Nirvana eran tres punkies que vivían en una ciudad lluviosa. Dales una oportunidad. Y por cierto: perdón si me dejo a alguien, si soy demasiado escueto o si no cuelgo enlaces. Usa Google y empápate, merece la pena. Y perdón por el orden: excepto por la primera banda, el resto es al vuelo, aleatorio y sin cuestiones de preferencia. Los quiero a todos por igual.

Kibah:
tengo que empezar con mi banda, y lo haré como si no fuera mía. Si no tocara aquí (antes el bajo, ahora la guitarra) sería un fan. Su cantante es un poeta, y sus músicos no somos virtuosos ni inventamos nada pero usamos (o al menos lo intentamos) bien la patente. Parece que seamos unos vagos, que vayamos a nuestra bola y que cambiemos de formación más que de calcetines, pero eso también nos hace especiales. Si te gusta Soundgarden, Queens of the Stone Age, Foo Fighters o Pearl Jam, te gustaremos. Si no, puede que también.

Uzzhuaïa:
tienen una trayectoria más extensa que la mayoría de grupos que ves por la MTV. Además, puede que a ellos también los veas en esa misma cadena. Trabajo, trabajo, trabajo y trabajo. Echan horas en su local de ensayo como si no hubiera otra cosa, porque es que para ellos no existe otra cosa. Buena gente, habitual de los conciertos de la escena, algo quue habla bien de ellos no sólo en lo musical. Suena a The Cult, a Kyuss y a banda que suena guay. ¡Búscalos!

Los Perros del Boogie: música accesible y no lo digo precisamente como algo despectivo sino como elogio, porque es muy difícil hacer cosas sencillas que suenen bien. Melodías que se te suben a las meninges como un piojo famélico (en este caso sería una garrapata) y un espíritu de lo más clásico. Otros currantes que merecen todo lo bueno que les está pasando. Los Rodríguez, Rolling… Perros, sí, pero con pedigree.

Sujeto K:
se hicieron famosos por aparecer en un concurso llamado “Dame una pista”. Injusto: merecen ser conocidos por lo que hacen. Son los Parchís del metal, parece que van de coña pero es muy serio lo que hacen. Es realmente imposible no bailar en un concierto suyo (mis hernias lo atestiguan). Koma, Rage Against the Machine… lo que quieras.

The Stone Circus Band:
apisonadoras, y además gente de una estatura más propia de los Dallas Mavericks que de un grupo de melenudos. Están parados musicalmente, y en un país con justicia cultural esta gente estaría metida en una furgoneta pagando sus facturas con lo que hacen. Buena gente. Buena música. ¿Influencias? Desde Pantera hasta AC/DC. Poca broma.

Supermosca: la banda que me pone los pelos de punta cada vez que escucho una canción suya (La Trapecista, concretamente). Indie, pop, postrock, yo que sé… Bajo la tarima son unos cachondos. Cuando se suben son unos poetas. Estilo muy propio, sonido inmenso. Mucho gusto. Dredg o Radiohead los querrían tener de teloneros.

Morgana VS Morgana:
decir que son los Tool valencianos es injusto, porque sería obviar que tienen las letras más etéreas que jamás hayas oído, o que poseen un artwork particular, o que su sonido es cristalino y cortante a la vez. No los conozco personalmente, pero no me importaría que su cantante fuera mi maestro zen.

Minerva Mayo:
inclasificables. Tocan mucho, tienen todavía más gusto y son buena gente a rabiar. Les hago promo allá donde voy, porque en este mundo de etiquetas cuesta clasificarles. Quizá por ello, y porque siempre he sido un perro verde, me encantan. Búscales influencias después de escucharlos. A mí todavía me cuesta. Y tampoco me importa demasiado.

Wicked Article:
cantante canadiense con vozarrón del catorce, guitarras afiladas, base rítmica con empaque. En otras palabras: una banda de rock de aquí a Lima. Buenas personas no: lo siguiente. Huelen a cigarro, a whiskey y a partida de billar. Suenan a Soundgarden, a Black Sabbath y a Black Crowes.

Glassmoon: son los empollones de tu clase, pero no los que se sientan en primera fila, sino los que se ponen en la última y además son guapos, majos y gamberros. Son virtuosos, los cinco, sin excepción, pero encima se ponen rojos si se lo dices. Suenan a Incubus, a Dream Theater y a Guano Apes. Llevan mil años y, magia, lo hacen cada día mejor.

Versus Five: no hacen rock, hacen jazz fusión. Y son tan buenos que no te parece estar asistiendo a un concierto de una música rara, sino a un espectáculo para toda la familia. Son genios, pero su guitarra (un señor doctor en óptica cuántica, ahí es nada) es lo mejor que puedes oír en tu vida. Mágicos es poco.

Non Essential: toqué con ellos y nunca he tenido más agujetas en los dedos. Death metal progresivo. Una cosa muy marciana y muy muy muy molona. No te los acabas. Además, son unos enormes seres humanos. In Flames, Tool y todos esos grupos que son raros pero rápidos y peligrosos son primos hermanos suyos.

Thirteen Tries:
tres bestias y una bella que es todavía más bestia. Música muy animal, muy inclasificable y a la vez muy bonita, por extraño que parezca. Su cantante es un torrente de voz, su sección rítmica es maestrísima y su guitarrista mete tres notas donde otro metería sesenta. Sólo por eso (y porque son tremendamente buenos y majos, todo hay que decirlo) merece la pena buscarlos y disfrutarlos.

DKasta:
poesía urbana. Sombras, contraluces, charcos, perros y cubos de basura. Los conocí en unas condiciones peculiares: un concierto de quince minutos junto al bueno de Rul Corbin, fotógrafo, poeta y gran persona. Tocaban, recitaban… No soy un fan del rock urbano, pero con ellos se me olvida. Son esa cara poética que tiene todo lo que pasa por delante de nuestros ojos mientras pensamos en otra cosa.

Daze Of Dawn: fui fan de esta banda, luego toqué en ella y de sus tripas nació Kibah. Ahora los disfruto. Tienen un recorrido similar al del baúl de la Piquer, y además hacen un rock americano por los cuatro costados: su cantante es canadiense y tiene una voz maravillosa. No puedo ser imparcial ni quiero serlo, porque es que son tan buenos…

Rock Fucktory: sí, está bien escrito y eso del “fuck” intercalado ya es denotativo de lo canallesco del rock que practican. Son los Guns de la ciudad de las naranjas y tienen un cantante que es oro. Rock polvoriento, árido y agresivo. Si te gustan Buckcherry y los mencionados anteriormente, tienes que ir a verlos.

Bitches and Peaches: pop-rock gamberro, festivo y bailarín. Una vez, un sabio veinteañero de esos que te encuentras con conocimientos musicales propios de un nonagenario (adorado Micky Stoner) dijo que eran Los Ronaldos de la tierra de las naranjas. Puede que así sea, porque no puedo vivir sin ellos... no hay manera.

Sweet Little Sister: tres tías y dos tíos haciendo un rock macarrónico que dejaría en pañales a sus inspiradores. Se separaron, cosas de la vida, pero algunos ansiamos un reencuentro para pillarnos una buena caraja de rock. Su frontwoman fue y es una grande que además de cantar como una berraca escribe como una canalla. Buena gente, muy buena gente.

The Carminers: rock clasiquísimo, canalla, aceitoso y que huele a tabaco. El citado Micky Stoner es su frontman e ideólogo. Una banda que roza el setentismo y que no tiene miedo a experimentar. Rock con mayúsculas.

El Ahora: tocados con una varita mágica que les hace ser absolutamente inclasificables. Suenan durísimo pero a la vez tiene un poso pop que hace que te tragues las canciones como si fuera música ligera. Me encantan, son unos animales.

Y hasta aquí puedo leer, porque corro el riesgo de eternizarme. Siento dejarme bandas como los elegantes Desayuno, o los animales inclasificables Betunizer, o los setentosos Babylon Rockets, o los corrosivos 33 d'Envit, los gigantescos y experimentales Erich Zann, los potentísimos Descarga, los muy clásicos y muy afilados Wurdalak, los ya veteranos y siempre cambiantes (a mejor) El Agente Naranja...

Esto es elección y no el 20N. Os aconsejo dejaros llevar por los vientos de Google y redes sociales. Merece la pena sumergirse en este microuniverso (vasto microuniverso, por cierto) y dejaros seducir por algunas de estas bandas. Igual conseguimos que se reconozca a nuestras bandas como exponentes de algo bueno y trabajado... en vuestra mano está.

JM Martín

lunes, 7 de noviembre de 2011

El borrego y el mal pastor.

Me lloran los ojos. Me duelen las manos. Me pitan los oídos. He visto al líder. He aplaudido al líder. He oído a la gente vitorear al líder. A mi líder. Al líder de todos. De todos, excepto de quienes no se dan cuenta de que él nos sacará de nuestras miserias. De esos sin los cuales este sería un país de bien.

Me duelen los pies. Me tiembla la voz. Me va a explotar la cabeza. He aguantado una tensión inmensa cumpliendo con el guión. He gritado cuando y como mi asesor me aconsejó. He pensado de lo lindo para buscar las palabras que funcionan. Qué fácil es poner a esta gente en pie. Qué sencillo es provocar el aplauso fácil y enfadarlo con el vecino.

Estoy emocionado. Siento que no estoy sólo. Siento que somos uno. Siento que merece la pena pelear por este proyecto, por este líder, por mi líder, que me entiende a la perfección, que se preocupa por los temas importantes y que cuando calla es porque, como buen sabio, sabe otorgar. Está con nosotros. El líder está con nosotros.

Estoy reventado y cansado de este tipo de circos. Estoy saturado de aguantar esta dinámica de estar perfecto frente a la gente, de sonreír a esa caterva de catetos y de ignorantes que, a poco interesante que me ponga, no van a entender ni una palabra de lo que diga. Les hablo de trabajo, les hablo de economía. Todo lo creen. Cuatro palabras talismán y todo resuelto.

Qué grande es mi líder. Qué preparado está. Qué capacidad de liderar un proyecto que emociona, que ilusiona, que no traiciona a los antiguos líderes. Qué capacidad de respetar la memoria de nuestros grandes.

Qué fácil es la masa. Qué necesaria es tenerla bien preparada. Qué poca voluntad crítica poseen. Con las que hemos liado en el pasado y nos siguen votando. Qué manía con esos viejos libros caducos y llenos de polvo. A ver si se actualizan, joder.

Necesitamos más gente así, más líderes con brillo en la mirada, con pureza y capacidad de sacrificio. Necesitamos que los jóvenes se pongan las pilas y que se igualen a gente como él. Porque él es necesario, el resto es prescindible. Y cuando vengan los que vienen después, mal andaremos. Pero bueno, para cuando vengan estos yo ya estaré criando malvas.

Necesito cubrir los años necesarios para tener la pensión vitalicia. Bastante he hecho por gente que quiere vivir del aire. Por la gente a la que pensé que quería salvar y dar una vida mejor. No merecen más. Qué putada que los que vienen detrás tienen más formación que la gente como yo. Esos sí que serán un problemón. Pero cuando lleguen yo estaré cómodo. Muy cómodo.

Dedicado a todos y todas los palmeros y palmeras que llenan, con un criterio francamente cuestionable y con una capacidad crítica vomitivamente inexistente, los mítins de los clásicos dos partidos que juegan a alternarse en la administración de nuestro estado y del resto. Porque algo debe haber en el fondo, muy en el fondo de su interior, roto e inarmónico a lo que deberían empezar a escuchar.

martes, 1 de noviembre de 2011

Estamos aquí (2)

El otro día alegué formar parte de un movimiento cultural, concretamente musical aunque también literario, del que me puedo sentir bien orgulloso y con el que me emociono y me cabreo a partes iguales. También prometí dar nombres de grandes bandas del panorama y hacer autocrítica. Empezaré con lo último, y dejaré la masturbación artística para una tercera entrega. Merecerá la pena la espera, palabra.

Para explicar lo inexplicable (el que la escena rock valenciana se encuentre casi en su totalidad condenada al ostracismo) se me ocurren a botepronto cuatro grandes motivos. Son fáciles de entender, especialmente si vives en este país, y merece la pena reflexionar acerca de ellos.

1º: La complicada relación entre música y dinero. Esto es Valencia. No es Barcelona, no es Madrid. Igual que en el 15M (por poner un evento reseñable cercano en el tiempo) lo que ocurre en esta ciudad es anecdótico. España es un estado peculiar, en el que la innovación tiende a nacer de las dos grandes ciudades y donde lo que se espera de otras como Valencia, Sevilla o Bilbao es que se repitan los patrones de siempre. Los del norte se escaparon hace algún tiempo del cliché dando coba a eventos culturales que desafían a lo establecido, como antaño hiciera Zaragoza (en el caso vasco, festivales como Jazzaldia, BBK o Kobetasonic se salen de la norma, incorporando artistas de difícil cabida en las corrientes más comerciales), pero aquí parece muy complicado ser un disidente cultural. Los medios valencianos no dan bola si no llevas peineta o no luces una de esas camisas azules con el cuello y los puños blancos mientras cantas a las Lorelai o Delilah de turno. Vivimos en la tierra de las apariencias, y los pelos largos y las distorsiones no venden una imagen fácil de digerir por la familia estándar, que es el target a tener en cuenta de cara a los réditos monetarios y políticos de turno.

2º: Exceso de individualismo. Esto también es bastante valenciano, y deberíamos revisitar este concepto que no está dando frutos provechosos. Si al primer dueño de una sala que se le ocurrió cobrar por tocar todas las bandas de la ciudad le hubieran dicho “ni en broma”, hoy por hoy existiría un circuito y la gente acudiría a las salas por curiosidad, como yo hice durante años (acabé tocando en un par de esas bandas a las que iba a ver sin conocerlas), porque las entradas serían más baratas. No habría un alquiler que cubrir, la sala se forraría con las consumiciones y las bandas tocarían más sin miedo a palmar dinero. Pero las bandas no se preocuparon nunca por empatizar con el resto, por buscar los intereses comunes, ni tan siquiera por plantearse su existencia. Faltó y falta una conciencia de clase rockera (perdón por la morcilla marxista) y cada uno ha tirado hacia un lado, tratando de salvar los muebles propios sin darse cuenta de que los muebles, en este caso, son compartidos. Aún estamos a tiempo de crear un “sindicato del rock” y salvar esta parte de la cultura que no aparece en Canal 9. Es una idea que suelto. Quizá ahora, en tiempo de agitaciones aparentemente productivas, sea el momento de plantarnos.

3º Falta de conexión entre músicos, entre salas, entre todos. Si las salas defienden el lícito aunque contraproducente “es que yo tengo unos gastos que cubrir, por eso te cobro 300€ de alquiler, por si sale mal” y además ponen unos horarios demasiado poco rígidos que acostumbran a la gente a no valorar como toca los conciertos nocturnos, arreglémoslo nosotros. Propongamos unos horarios tempranos para las salas de la ciudad, estilo Madrid, y otros más tardíos para las salas del extrarradio. Llamadme enfermo, pero yo he ido a dos conciertos la misma noche, y podría hacerlo si un concierto en la ciudad (Wah-Wah, El Loco…) fuera a las 21:00 y otro en las afueras (Rock City, Durango, XY) fuera a las 00:00. Si los precios fueran razonables (el alquiler de la sala no te deja poner una entrada barata, cierto es) y la gente pudiera evitar empezar con el gin-tonic a las 22:00 o incluso comenzara a turnarse con el coche, Valencia tendría un muy buen circuito de salas, que no sólo aprovecharía la cantidad de buenas bandas que hay sino que incluso dinamizaría la economía del sector, pudiendo llegar a evitar el timorato y demasiado pesimista acto de cobrar un alquiler. En otras palabras: buscar los intereses comunes entre bandas y salas (no podemos vivir las unas sin las otras) sería un acelerador en todos los sentidos.

4º Escasez, que no ausencia, de promotores responsables. No me maten, amigos promotores, pero es hora de llamar a las cosas por su nombre, y más en su caso: ustedes no es que tengan contactos para mover una escena, es que ustedes SON los contactos que deberían mover la escena. En mi caso, y en el de la mayoría, yo toco un instrumento, y le tengo que dedicar horas para que suene decentemente. Yo tengo que ir a tocar, en un horario intempestivo, por cierto, y esa es mi máxima preocupación. Los futbolistas no venden sus camisetas: se dedican a entrenar y a jugar y, si rinden, la gente compra sus camisetas. Pero claro, de la distribución de las camisetas se tienen que ocupar otros, que se llevan un generoso pellizco por ello. Insistiré en esto y seré claro: debe ser trabajo del promotor hacer circular los carteles, difundir el evento, vender las entradas y, como muestra de profesionalidad, respetar el caché prometido. En las dos primeras cosas debe colaborar el músico, pues él es uno de los interesados que quiere hacer llegar su música a la mayor cantidad de gente posible, pero no se le puede obligar a nadie hacerlo. La cuestión de las entradas es algo que me molesta mucho, pues quien las vende en taquilla no debe perseguir a nadie, sensación que me acompaña inexorablemente cada vez que se me pide que venda entradas, cosa que me niego a hacer en el 99% de los casos. La cuestión del cobro de los honorarios, como pequeño empresario que soy, sí me parece de escándalo, y es que de hecho lo es en cualquier ámbito laboral, y con razón: si se ha prometido un caché de, pongamos, 400€, y las instrucciones que se me han transmitido y exigido han sido estar en la prueba a las 18:00 para tocar a las 23:00, el músico responsable hará su trabajo, que es ese. Y como todo trabajador, uno debe cobrar lo estipulado. Dejad de blandir las clásicas “es que habéis vendido pocas entradas” o “es que ha ido flojito” para justificar la falta de 100€ en el pago post-concierto y, con ello, la ruptura de un pacto que es inexcusable a nivel jurídico. Si el trabajo del músico era probar y tocar y el del promotor mover el concierto y la cosa ha ido mal, pueden pasar dos cosas: o que el promotor no haya hecho su trabajo correctamente o, muy probablemente, que mil factores como la climatología, lo escondido de la sala o la crisis económica hayan disuadido a la gente de asistir a este concierto. Pero el trabajador, que es en este caso el músico, tiene que cobrar, porque nunca será responsabilidad suya lo que pase antes del concierto. Yo tengo una empresa, una pequeña academia que nada tiene que ver con lo musical, y el mes que ha ido mal no puedo –ni se me escapa por la cabeza, algún empleado-lector puede constatarlo- tocar ni un solo euro de su sueldo. En eso consiste ser emprendedor y querer lucrarse con una actividad: se arriesga un capital. Cuando va mal, pierdes dinero, pero cuando va bien, obtienes unas ganancias cuya práctica totalidad es para ti. Señor promotor: si la noche va bien no me vas a pagar de más, ni yo te lo voy a pedir, porque no me voy a saltar lo pactado. Pero si va mal, lo siento en el alma: yo no arriesgué mi dinero en una promotora -fui menos glamuroso y ejerzo de profe pesado- y por tanto no puedo ser obligado a renunciar a un 20, 25 o 50% del cobro estipulado.

Estas son las cuatro principales razones que le encuentro, después de reflexionar casi obsesivamente sobre ello, al velo de intrascendencia que cubre a una escena musical que considero muy fructífera y por ello desaprovechada. No pretendo convencer a nadie, sino invitar a la reflexión: ¿no merece la pena pararse a pensar y a mejorar una escena que nos ha costado tantos años y tanto esfuerzo? ¿No sería bonito empezar a ver frutos a partir de regar entre todos el jardín?

Prometo un último post en el que os descubra a bandas de esta escena, para dejar constancia del inmenso esfuerzo que realizan muchas personas a las que me he encontrado por el camino, algo que seguramente siempre acaba siendo lo mejor de todo.

JM Martín

lunes, 31 de octubre de 2011

Estamos aquí (1)

No, hoy no voy a hablar de política, ni de pseudoperiodistas ni de movimientos sociales, aunque quizá lo que os vaya a contar hoy tenga más que ver con esto último que con cualquier otra cosa. Hoy os voy a hablar de algo maravilloso que podría ser y que no es, aunque también se puede interpretar como algo que podría ser y que, cuando te sumerges, lo es todavía más. Hoy (y otro día, porque la prisa aprieta y voy a hacerlo en dos entregas) os voy a hablar de esa parte de mí que no publicito, tal vez por timidez, pero de la que me siento muy orgulloso y con la que me indigno un poquito cada vez que pienso que hay gente perdiéndoselo. Hoy toca hablar de mi tierra, de rock, de poesía, de pequeñas miserias, de dobles lecturas, de pose, de clichés y de una explosión cultural que pasa desapercibida.

Situémonos: viernes 28 de Octubre. 22:30 de la noche. Valencia. Sala Wah-Wah. Un grupo tributo a Nirvana, formado por tres excelentes músicos y pese a ello buenos amigos, celebran el aniversario del último tsunami musical llamado Nevermind con un concierto de repaso a los clásicos del trío de Seattle. La sala está abarrotada, llena no sólo de músicos y amigos sino de jovenzuelos y (permítanme la coña) Kurt-iditos. Todo el mundo corea unas canciones que objetivamente nunca sonaron a música celestial pero que indudablemente cambiaron la manera de concebir la música pop. El concierto acaba y, aún con la nostalgia invadiendo, la gente hace su camino. Mi hermano musical por excelencia, el señor Ton Agüera, se pregunta lo siguiente: si Nirvana no hubiera existido y estos tres chicos que acaban de dar un concierto hubieran sido los creadores de la música que acaba de sonar, ¿la gente hubiera salido de la sala con la sensación de haber presenciado auténtico arte, o sencillamente hubieran acabado el concierto con la sensación de haber visto "otro concierto más" en el que, para más inri, han sonado canciones "destartaladas"?

Interesante pregunta que me lleva a una reflexión: es muy fácil disfrutar de algo minoritario cuando se ha convertido en leyenda obviando el intermedio tránsito hacia lo masivo. Pero es muy muy muy difícil dejarse arrastrar por lo visceral y admirar con toda la merecida pasión canciones que no conoce nadie. Trasladen esta reflexión al cine, a la pintura, al teatro, a la comedia, a la poesía y a la escritura.

No existe valentía para admirar lo desconocido. Algo hemos hecho mal. Nos cuesta alucinar y contagiar nuestro alucine hacia aquello que no recomienda un crítico. Nos cuesta, y quizá tenga algo que ver con la autoestima, reconocer que tenemos ojo clínico, que efectivamente esos cuatro chavales de nuestro instituto hacen una música genial, que nuestra vecina hace unos cortos inmensos o que ese chaval del trabajo que es tan raro escribe una poesía que haría estremecer a cualquiera.

Nos da vergüenza admitirlo, pero yo lo proclamo, y prometo dar pelos y señales en la próxima entrega, que será esta semana: Valencia es la cuna de la mejor hornada de música rock que jamás se ha parido en este país. Nada que envidiar a la (sobrevalorada hasta el vómito) movida madrileña, del indie catalán de finales de los noventa y del flamenco con tintes progresivos nacido en Andalucía. El pop-rock valenciano que se lleva haciendo en los últimos diez-quince años es inmenso, conmovedor, emocionante, lleno de energía y cuidado, muy muy muy cuidado.

Pero nadie lo sabe.

JM Martín

PD: Prometo nombres, descripciones, enlaces y también, cómo no, la justa autocrítica en la próxima entrega. Sirva esta entrega para haceros hambre...

jueves, 20 de octubre de 2011

Quiero

Se acerca la campaña electoral. Se acerca el tiempo de los topicazos, de ogros que ponen cara de hada, de actitudes ruines tornadas en servicialismo de cuarta división. Es tiempo de reproches mezclados con una deportividad inaudita y hasta insultante. Es hora de meter miedo, de amenazar con el eterno advenimiento del coco, de ese monstruo de oponente que nos quiere quitar todo a los ciudadanos. Es tiempo, al fin y al cabo, de la misma cantinela de siempre.

No obstante, aprovechando esta coyuntura que tanto me recuerda a los Reyes Magos de puerta de centro comercial (por aquello de que te dejan pedir lo que quieras aunque es más que evidente que todo es una trampa) quiero expresar mis deseos de cara a los próximos comicios, que son justo dentro de un mes de nada. Son poca cosa, yo creo que entre pitos y flautas algo me puede caer para la próxima legislatura. Empecemos con la carta.

Queridos candidatos:

Esta legislatura he sido un niño (aunque ya tengo pelo ahí abajo, no nos vamos a engañar) muy bueno. He trabajado muy bien hasta que el Servicio Valenciano de Formación y Empleo dejó de pagar a los profesores. He sido bueno con mis alumnos, he estudiado como un malparido y me he apretado el cinturón como me lo pedísteis (se me está quedando cinturita de avispa con la coña). Así que os voy a pedir unos regalitos de cara a esta campaña y a esta legislatura. Sí, os pido cosas para la campaña, qué narices, curráis menos que el Ratoncito Pérez en un asilo, así que os lo podéis currar un poco. Ahí voy:

- quiero que dejéis de amenazar con la hecatombe si gana el oponente. Al fin y al cabo, sabemos que gane quien gane os vais a cepillar las pensiones, vais a recortar en educación, en sanidad y además vais a darle pasta a la banca, que es quien manda. Ya no nos vale la amenaza, así que ruego deis un giro de guión, que esto parece una peli de Almodóvar y uno está de putas, travestis y pisos pequeños hasta el moño ya.

- quiero que dejéis de acusar al partido contrario de no tener un programa electoral. Ya hemos visto qué porcentaje de personas se lee el programa (cerca del 0%), qué proporción de los que lo leen se preocupa de hacer un seguimiento de vuestras promesas (cerca de otro 0% dentro del anterior) y cuantas promesas se han cumplido históricamente (otro porcentaje dadaísta). Os rogamos de paso, con el objeto de salvar secuoyas segovianas y robles pacenses, que os abstengáis de imprimir vuestros programas.

- quiero que hagáis como el Madrid y como el Barça y que coloquéis las marcas de vuestros sponsors por doquier: en las camisas, en los paneles que os ponen detrás en vuestros mítins... y, por qué no, que hagáis anuncios a lo Beckham. Por ejemplo, Rubalcaba anunciando un fondo del Banco Santander a lo Fernando Alonso o Rajoy recitando las virtudes de un servicio de préstamos de Bankia, como los del basket. Así sabremos a quién estamos votando y nos lo pondréis más fácil.

- quiero que os curréis un debate diferente. Lo de los reproches está ya muy visto, es previsible y la tele es espectáculo. Queremos coches petando, explosiones, chicas en bikini, tiroteos y una trama a lo Dan Brown, con códices secretos, templarios nazis y extraterrestres illuminati que escupen chemtrails. Eso y un combate a muerte final con una cosa que haga larga la agonía (cucharas soperas vienen bien). Así no habrá tanta batalla al día siguiente y estará claro el vencedor: el que tenga menos morados o, sencillamente, el que haya sobrevivido.

- quiero que dejéis de dar por saco con el tema de la lengua. De verdad, esto es algo que me toca la moral bastante. Hablad de química, de electrónica o de termodinámica, pero dejadnos en paz a los lingüistas. Nosotros decidiremos, criterios científicos en mano, si el valenciano y el catalán son o no lo mismo, si hay que incentivar el uso de una lengua o de dieciocho en los coles y si tantas otras cosas para cuyo manejo, al igual que en la química, electrónica y termodinámica, hace falta una formación académica que vosotros no tenéis.

- quiero, en una línea similar, que no socarréis con el tema religioso. Esto es un estado aconfesional: nos suda toda la zona genital vuestra musulmanía o psicocatolicosis. Nos da igual. Id a socarrar con vuestros amigos imaginarios a otro lado. Y un poco igual con lo del terrorismo: tengo así como 45 millones menos de probabilidades de ser atentado por ETA que de arruinarme por vuestro opulento modus vivendi. Las prioridades claras, por Dior.

- quiero también, por aquello de que los ciudadanos vamos apretadetes, que os cortéis un poco con el tema dietas y tal. Sabemos que vais a seguir viviendo como dioses del Olimpo a nuestra costa, así que por favor, cerrad todos los periódicos, teles y radio y ahorradnos la mala leche al leer noticias como esta. Al menos en tiempo de campaña.

Espero que me traigáis algo de esto. Estoy aburrido de vosotros, de vuestra psicología del pánico (que ya podría ser del Panrico, con el hambre que hay), de vuestro sectarismo, de vuestro voto útil, de vuestras masturbaciones multitudinarias delante de las juventudes de vuestro partido (luego diréis de los curas), de vuestro servilismo para con la banca privada que os financia las campañas, de vuestra palabrería vacía, de vuestra corrección política (queremos insultos y escupitajos en pantalla) y, en definitiva, de la misma cantinela cada cuatro años. Estoy aburrido, sobretodo, de saber que cada ocho años hay un cambio de gobierno. De saber que pase lo que pase seguiré rodeado de gente encantada de escuchar a gente que no le escucha.

Dios, llévame pronto. O llévatelos a ellos, que mira que son pesados.

JM Martín

martes, 18 de octubre de 2011

15M, 15O y la evolución requerida

Soy profesor. Doy inglés conversacional. Soy un adoctrinador subliminal. Un provocador. Un terrorista del diálogo. Lo reconozco. Tiro de encanto personal. Panfleteo sin que se den cuenta. Abuso y pongo cara de bueno. No puedo evitarlo, pero gracias a ello puedo pulsar la opinión de la gente de un modo agresivo y directo sin que me partan la cara. Y en esas me he encontrado con algo que me ha hecho cagar piezas de Tetris en primera instancia, pero que según el Fortasec que he aplicado a mi flora intestinal va consolidándose, me está haciendo pensar.

De repente, poker face incluída por mi parte, una alumna me ha dicho que el Movimiento 15M no es un movimiento accesible, no deja clara su línea de reclamaciones y supone un reto a aquellos que no simpatizan con el sistema -no el del 15M, sino el sistema de mierda en el que vivimos- pero que no saben qué demonios estamos tratando de hacer a parte de llenar plazas. Y pese a ello, nos apoyan.

Mierda. Hostia puta. Joder. Cáscaras. Caracoles. El primer decálogo de la historia con más de diez puntos -una vacilada histórica sin duda- ha quedado en un segundo plano. Mierda. Hostia puta. Joder.

El 15 de Mayo se demostró que el cabreo unía a la gente. Es de sobra conocido que el odio une: puede que mi vecino del quinto y yo no tengamos afinidades, pero si una caterva de mascachapas y cierrabares nos jode el sueño a las 5 de la mañana, Camela en ristre a toda hostia en un coche, mi vecino y yo vamos a unirnos en torno al mentamadrismo hacia ese equipo de imbéciles. No tiene mucho mérito, pero es un buen primer paso.

Las acampadas demostraron que a partir de la indignación se puede aplicar una estructura. Que una perspectiva común puede servir como acicate para la organización de personas que hace dos días no se conocían. Aunque también esas estructuras pueden acabar viciadas. Defectos del ser humano, selevacer...

Las en ocasiones lamentables (por número de convocatoria) concentraciones que se producían semanalmente en pleno verano demostraron que, pese a lo desmovilizador del calor (todos preferimos ver carne en la playa, no nos engañemos) la perspectiva de lucha en común puede con todo. Hay voluntades más duras que la cara de algunos banqueros.

La manifestación del 15O ha demostrado que la conciencia ciudadana no entiende de idiomas ni culturas, y que la globalización puede no ser ese engendro de cara agresiva que desayuna bebés, ya que puede ofrecernos una cara amable -hasta ahora oculta- que es una conciencia y una solidaridad global.

Y sin embargo, con todo el apoyo, con decálogos de doce jodidos puntos, asambleas con gente que no se cansa de decir lo emocionada que está, muchas palabras, discusiones, consensos, votaciones y aplausos insonoros, todavía hay gente que no tiene claro qué cojones estamos pidiendo. Y es aquí donde tenemos que pasar al siguiente nivel: en un tejido social en el que la gente está acostumbrada a que le den el menú del día por la tele, no demasiada gente está acostumbrada a buscar información, sino más bien a recibirla. Sabemos generar consenso, sabemos planificar acciones, sabemos movernos a nivel global y hemos convertido un invento militar como internet en un instrumento de liberación. Pero tenemos que aprender a llegar a quienes no hemos llegado y a clarificar nuestro mensaje: políticas anti-mercado y pro-persona, control de los altos funcionarios, transparencia en las cuentas y una economía basada en los recursos y no en la invención de dinero mediante generación espontánea. Que las personas, y no los cargos, seamos intocables.

Es así de sencillo, pero todavía tenemos que aprender a difundirlo. El 15M sigue. No somos perfectos, pero en esta depresión económica, en este decrecimiento sistémico, somos lo único que crece.

No está mal. Estará mejor.

JM Martín

martes, 11 de octubre de 2011

15O: 15 Motivos para no sumarme a la Global Revolution

1- Estoy contentísimo con el sistema económico: es justo, equitativo y nada perjudicial para el ciudadano.
2- La banca privada es ética y sus consejeros y exconsejeros se imponen sueldos e indemnizaciones adecuados al inmenso e impagable trabajo que realizan de cara a la sociedad.
3- El dinero es un bien público, pero es justo que quienes tienen más tengan derecho a prestarlo al coste que consideren necesario y hagan fortuna de ello.
4- Estoy de acuerdo con que la banca privada invierta el dinero de los ahorradores en compraventa de armas y en la financiación de campañas políticas que les reporten futuros tratos de favor.
5- Me parece perfecto que los gobiernos cuiden a los bancos y no a los ciudadanos.
6- Wall Street y todas las bolsas están siendo injustamente atacadas: ellos hacen dinero de la nada y tienen derecho a hacerlo.
7- Standar & Poor's y Moody's hacen su trabajo. No importa que sean empresas privadas y que por ello fastidien la economía de naciones y condenen al hambre a sus ciudadanos. Ellos sólo hacen lo que tienen que hacer.
8- Todo se arreglará cuando gane Mariano: él tiene todas las soluciones (esperemos que estén mecanografiadas).
9- ZP está haciendo lo que tenía que hacer, y aquellos que afirman que el PSOE ya no es de izquierdas no se han parado a pensar que será peor cuando gane Mariano.
10- Los salarios de los senadores y diputados son justos. Si son elevados es para garantizar que no roben.
11- Todos somos presuntos inocentes. Si una prueba judicial demuestra que alguien es culpable pero no está obtenida correctamente, hay que juzgar al juez que la obtuvo.
12- Robar cuando estás en un puesto de responsabilidad es normal y tú también lo harías.
13- Los medios de comunicación no manipulan, y si lo hacen es normal. Tú también lo harías.
14- Cuestionar la conveniencia de una medida política, económica o militar es ser un enemigo de la patria. Quienes mueven los hilos hacen lo que tienen que hacer

Y la más importante:

15- No quiero que las cosas cambien, quiero seguir pensando que no tengo nada que decir, que soy un mero observador y que ya está bien de quejarse, de movilizarse y de actuar, porque no va a servir de nada.

JM Martín

PD: Por favor, capten la ironía de este post.